Del 7 al 8 de marzo llegamos a destino luego de 24hrs subidos en un micro larga distancia con cuatro meses y "algo" de embarazo, sin molestia alguna, todo venia "viento en popa": La pancita pequeña crece, venia perfecta de salud, la nueva ciudad se veía prometedora mucha actividad comercial/profesional, muchas posibilidades de pronto poder mudarnos a alquilar.
Llegamos a nuestro destino: la ciudad de punta alta. Planeamos este viaje con mi compañero para volver a empezar y trajimos un paquete gigante de ilusiones. La realidad sin embargo es que el 2020 nos iba a traer un "mundo nuevo" arruinado.
El segundo trimestre de embarazo me encontró haciendo una cuarentena, por el inicio del COVID19 en la argentina, recién llegada a la ciudad nueva y se suspendieron todos los controles de embarazo: solo se atendía de 8 meses en adelante. Se fueron los controles prenatales. Me quede sola, me hundí en las confusas emociones del embarazo, viviendo en la casa de mi mama después de haberme marchado hace 6 años, de vuelta en la casa materna después de haber cambiado tanto, las hormonas me ponían sensible.
Soñaba con mi perro y lloraba casi todos los días. Extrañaba mi red de sostén (que son pocos amigos y algunos familiares que tengo en corrientes) extrañaba a mi papa, extrañaba a la familia de mi novio (si, son básicamente mi familia también) me quedaba en silencio mirando mi alrededor sin saber que hacer.
Me refugie en la realidad virtual, establecía contacto con una doula de Corrientes via instagram y tuve una oportunidad que me cambio por completo: formar parte de un curso prenatal, la posibilidad de prepararme para el nacimiento. Era evidente que parir en pandemia iba a traer algo raro. El curso pre natal me mostró la faceta mas fisiológica y natural de un nacimiento. Conseguí la posibilidad de leer material al respecto y lo que leí me tiro un baldazo de agua sobre las gestaciones y el rol de las mujeres:
- "Pariremos con placer" y "La represión del deseo materno y génesis del estado de sumisión" de Casilda Rodrigañez
Deberían ser una lectura para todas las mujeres gestantes, y para quienes no gestan también.
Pude finalmente acceder a una consulta con una Dra. el dia 5 de mayo, cumpliendo 25 años y yendo a ver como estaba mi bebe, rozando los 7 meses de embarazo. Pasaron como dos meses y medio solo guiándome por mi intuición, encerrada en mi propia mente y haciendo mi "auto control" de embarazo gestionado por nadie más que mi persona.
Fue otra consulta rápida y silenciosa: medir la altura uterina, pesarme, ver la presión arterial, ella anotaba cosas en una ficha y me hacía algunas preguntas.. se podía respirar la autoridad médica, todo me confirmo lo que yo ya sabía mi bebé estaba sano y todo iba bien.
Yo tenía bien en claro cuál era mi propósito: parir, pero no solo parir, buscarme la mejor experiencia posible, no sabía como ni cuando, pero defendería mi derecho a un parto fisiológico, donde mi instinto me sería de guía y tendría finalmente una experiencia de nacimiento positiva que seria nueva y sanadora en mi linaje familiar.. que echaría luz a muchas mujeres en la misma situación. Comenzó así la gran aventura del último trimestre.
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