Yo no elegi la guerra, pero naci guerrera.

Escribiendo, siempre
Sobre la vida.

martes, 1 de enero de 2013

Dias perdidos de Marya Hornbacher

  El instinto de supervivencia es lo que enloquece a las

anoréxicas y las bulímicas más de lo que soy capaz de 

expresar. Mientras que la mayoría de las personas comen

cuando tienen hambre y se acuestan cuando están enfermas

a mi me intimidaban y enfurecían los festines ciegos, las 

caídas repentinas al suelo, cada una de las cuales implicaba

 las necesidades de mi cuerpo, la debilidad y su dominio 

sobre mí. Mi cuerpo se negaba a morir de hambre y comía; 

mi cuerpo se negaba a seguir sosteniéndome y se 

desplomaba. La paradoja reside en que, a mis ojos, 

mi supervivencia emocional, mi integridad personal básica 

dependía del dominio o incluso de la aniquilación total de 

mi 

yo físico.[...] Cierta noche, Lora me había preguntado cuánto 

tiempo creía que viviría. Tumbada en la cama reflexioné 

unos 

instantes. -Puede que veinte años- repuse al fin. Calculaba 

que tardaría más o menos eso en matarme de hambre. A 

punto estuve. Tres años más tarde, dos meses antes de 

cumplir diecinueve años, los médicos me pronosticaron una 

semana de vida.

La anorexia no es algo que se contrae como se contrae un 

catarro, si no algo que te metes en la cabeza y que al 

principio consideras como una idea para luego probar los 

comportamientos y ver si echan raíces..

Sentí enloquecer. Me cabeza jamás dejaba de dar vueltas.


La calma es solo un punto intermedio que implica cierto 


equilibrio entre el ruido y el silencio, entre los extraños

 lapsos que sufro ( silencio absoluto, no parecido al sueño si 

no a la muerte) y los chillidos infernales de mis 

pensamientos y las voces del mundo.

Y , el siseo insistente de una voz que empezaba suave, como 


si procediera de un musgo espeso o de una masa de sangre, 

para ir aumentando de volumen hasta que lo ahogaba todo: 

Adelgaza, decia. Tienes que adelgazar

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